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Los Retos en la Reconciliación en la Cultura Ciudadana

  • 21 ago 2017
  • 4 Min. de lectura

El País y en particular el Departamento de Nariño han entrado en una etapa de transición y por ende de transformación hacia lo que institucionalmente hemos denominado “Una Paz Sostenible y Duradera”; diversos actos administrativos y propuestas legislativas se están debatiendo a nivel nacional para garantizar el cambio institucional que permita que ese camino elegido por Colombia en la búsqueda de la Paz, sea una realidad por lo menos en el marco normativo, otra cosa es y será la implementación material de lo acordado y allí el debate político e ideológico es rico en posturas, aunque también en radicalizaciones.


Sin embargo, todavía para la ciudadanía y su vida cotidiana sigue siendo difusa las implicaciones de la Paz sostenible y duradera, medio siglo de conflicto ha traído efectos en el imaginario colectivo colombiano respecto a la manera en que se tramitan las diferencias y se transforman conflictos; las cifras sobre discriminación y violencia contra sectores constitucionalmente protegidos como las mujeres, niños, niñas, adultos mayores, población LGBTI, víctimas y grupos étnicos, subsiste y a veces se incrementa; no hemos logrado la protección integral a estos sectores, ni superar la indiferencia ciudadana, a pesar de los diseños en política públicas, presupuestos y leyes.


Con esta tarea incompleta, se viene un proceso de integración de aquellos que por diversas razones asumieron el camino de las armas, muchos de ellos y ellas coterráneos de estas tierras y que seguramente recogiendo sus pasos, retornaran a sus hogares y a sus comunidades, con la expectativa de encontrar un espacio físico, emocional y social con el cual reconciliarse, en donde los acepten y les permita reconstruir aquello que en algún momento dejaron.


La pregunta que surge entonces es, ¿están las comunidades, los municipios preparados para asumir los retos de la reconciliación?; no es desconocido para muchos que en temas de Paz, la agenda institucional en muchos municipios ha sido entendida como la oportunidad de gestionar recursos para proyectos definidos en los planes de desarrollo, razón por la cual en las estructuras administrativas territoriales empieza a surgir cargos como Secretaría de Paz, Postconflicto, Reconciliación; estrategia de gobernabilidad que no es del todo equivocado mientras que a través de estas instancias se organicen estrategias para superar el olvido histórico del Estado y con ello atacar factores estructurales como la falta de acceso a servicios básicos, la vivienda, el desarrollo sostenible territorial, etc. Es decir construir las condiciones para materializar la justicia social.


Sin embargo y como lo señala el artículo 3 de la Constitución Política, la soberanía del Estado Colombiano “reside exclusivamente en el Pueblo”; esto implica que nuestra responsabilidad como ciudadanía en esto de la Paz, va más allá de la participación en procesos electorales u otros mecanismos; necesitamos transformar los imaginarios colectivos arraigados en medio siglo de conflicto armado interno; estas conductas ciudadanas que ante lo diferente o lo desconocido reaccionamos de manera agresiva, radical, desconociendo y eliminando a ese otro diferente. Para una muestra la polemica generada por la imagen 2018 de los Carnavales de Negros y Blancos en donde pasamos de un debate de interpretaciones de diseños a una crítica irrespetuosa e infantil de las capacidades de las personas que presentaron los diseños, demostrando el temor a lo que nos saca de nuestras zonas de confort y la manera agresiva de desconocer al ser humano detrás.


Esta necesidad de transformación en la cultura ciudadana, se hace evidente en el contexto municipal y comunitario, dado que se trata del nivel territorial que trabaja de manera directa con la ciudadanía, que conoce a profundidad las realidades y dinámicas territoriales, que debe apoyar en la transformación de conflictos, que debe dar respuestas a las necesidades locales. Sin embargo ante la necesidad de una ciudadanía propósitiva y constructiva, se requiere que los gobierno locales, departamentales y nacional dejen de subestimar el valor agregado de la formación de la ciudadanía, señores gobiernan para ciudadanos, no todo puede ser cemento!.


Cada día, los gobiernos se esfuerzan por gestionar recursos para carreteras, acueductos, infraestructuras, centros de acopio; pero bajan la guardia cuando de capacitar, sensibilizar y empoderar al ciudadana se trata, a pesar que hace parte de su mandato legal; esto se hace visible en los bajos porcentajes de recursos destinados a mejorar las capacidades de autogestión de Juntas de Acción Comunal, Organizaciones Campesinas, Autoridades Indígenas, Juntas de Consejos Comunitarios, Mesas municipales de mujeres y luego se preguntan porque a pesar de la inversión, subsisten la desesperanza, el negativismo y apatía ciudadana.


Ahora que se están transformando las estructuras institucionales para dar cabida a temáticas especificas como la Paz y la Reconciliación, es desde allí que gobiernos y sociedad civil empiecen a diseñar las políticas y procesos necesarios para lograr que esta transformación colectiva sea posible, para erradicar de raíz esos elementos que han alimentado la guerra a partir de la ignorancia, la discriminación, la exclusión; de lo contrario lo poco o mucho que se invierta en la implementación de los acuerdos para el fin del conflicto, sin una base social que lo sustente, lo defienda, lo apropie, se convertirá en una referencia más de la historia de Colombia.


Aquello que buscan eliminar al otro por no pensar, ser o dibujar como lo hago yo – apropósito del debate generado por la imagen 2018 de los Carnavales de Negros y Blancos-; transformar la cultura política clientelista que subsisten en el país y se profundiza en el contexto territorial; estas nuestras instancias de los gobiernos locales, deben empezar a construir una política pública que atienda asuntos relacionados con la transformación de la cultura ciudadana, que fortalezca capacidad organizativas de Juntas de Acción Comunal, Cabildos Indígenas, Consejos Comunitarios, organizaciones de mujeres, jóvenes, campesinos para reconstruir una cultura ciudadana, definiendo de manera colectiva, cuales son los valores que debe caracterizar al ciudadano colombiano “post conflicto”.


 
 
 

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